martes, 3 de diciembre de 2013

El desafío de desarrollar una infraestructura de calidad | Blog Humanum

Foto: Artinaid bajo licencia de Creative Commons
Foto: Artinaid bajo licencia Creative Commons
Con un crecimiento anual promedio de 4,1% en los últimos dos años, América Latina experimenta un aumento en el uso de los servicios de infraestructura.
El movimiento aeroportuario se ha incrementado a tasas del 10% anual acumulativo entre los años 2008-2012, la banda ancha fija creció entre fines de 2010 y 2012 al 16,2% anual, el movimiento de contenedores en los principales puertos aumentó a una tasa promedio del 5% anual, la energía eléctrica al 4,3% y el consumo de gas natural per cápita a más del 4% anual.
Más aún, tendencias actuales como el aumento del peso relativo de las clases medias y la creciente apertura comercial que viven varios países, con el avance de distintos tratados de libre comercio, incentivarán una mayor demanda en el futuro.
Ampliar y mejorar la infraestructura para atender esta creciente demanda se convierte así en una necesidad imperiosa. Una infraestructura de calidad hará a nuestros países más inclusivos y competitivos, conclusión que se evidencia en el diagnóstico anual de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina): IDeAL, La Infraestructura en el Desarrollo Integral de América Latina, del cual ya se han publicado tres ediciones: 20112012 2013.
La necesidad de aumentar significativamente la inversión en infraestructura surge del análisis de sectores como transporte, energía eléctrica, transporte de gas, telecomunicaciones y gestión integral del agua, la infraestructura urbana, y la infraestructura de la logística.
El IDeAL 2011 identificó una serie de retos y una agenda estratégica que ponía el acento en temas como la mejora del transporte público urbano, una mayor cobertura de provisión de agua y saneamiento, mejor seguridad vial y ampliación de la banda ancha.
Un repaso por estos sectores muestra progresos como la construcción de los Metros de Panamá, Quito y Lima, la implementación de una agencia de seguridad vial nacional y un observatorio regional, el aumento de la cobertura del servicio de agua potable y saneamiento, así como una mayor penetración de la banda ancha fija y móvil. Sin embargo, estos avances en general son modestos, comparados con las necesidades.
Para poner en perspectiva esta falencia regional podemos observar que: en los últimos tres años, la inversión de los países de América Latina en infraestructura es de apenas el 3% del PIB, muy lejos del 10% invertido por Asia.
Dentro de ese 3%, el transporte fue el sector con mayor peso en 2011 con el equivalente a un 1,25% sobre el PIB, o 48% del total de las inversiones. Más atrás, aparecen la energía, con 0,65% (25% del total); las telecomunicaciones, con 0,52% (20% del total); y el agua, con 0,18% (7% del total). Estos modestos números se hacen más precarios si consideramos la enorme ineficiencia presente en la producción y mantenimiento de la infraestructura, en las que cifras cercanas al 30% de lo invertido se desperdicia en sobrecostos por iniciar proyectos sin estudios y diseños ejecutivos de calidad, por fallas en el mantenimiento oportuno de las obras y por la presencia de la corrupción en numerosos proyectos (Conclusiones de Transparencia Internacional en sus estudios sobre corrupción en el mundo).
A pesar de las grandes contribuciones del sector privado, el mayor peso del esfuerzo inversor recae sobre las finanzas públicas. Por lo general, un país asigna a la inversión en infraestructura entre el 10 y el 30% del gasto público.
Mientras la inversión privada incide mayoritariamente en las telecomunicaciones, energía y transporte, donde representa aproximadamente entre un 60 y un 90% de la inversión total, la inversión pública es casi la única fuente en sectores como el agua y el saneamiento.
La promoción del desarrollo empresarial, con prestadores de servicios de transportes locales a operadores con ambiciones regionales y globales, empresas proveedoras y de servicios, entre otras, es una de las asignaturas todavía pendientes en la región.
En ese sentido, la expansión del Canal de Panamá generará una serie de oportunidades para mejorar la competitividad: negocios de transbordo y de valor agregado en los nuevos parques logísticos cercanos a los puertos.
Como se observa en el IDeAL 2013,  ante la actual situación de la infraestructura de América Latina, las autoridades están obligadas a buscar una mayor eficiencia en la inversión. Las buenas prácticas en materia de planificación, selección y diseño de proyectos, ejecución de obras, gestión de la demanda y de mantenimiento de activos permiten optimizar el uso de recursos y reducir las necesidades de inversión. Así, se abren grandes oportunidades para mejorar estas prácticas para los gobiernos de la región.
Fortalecer las capacidades del Estado es imprescindible para la planificación, ejecución, operación y fiscalización de la infraestructura, mejorando la capacidad técnica de las dependencias públicas y adecuando la legislación y normas vigentes.
Es imperioso promover la transparencia mediante la autorregulación y la participación ciudadana, socializando los proyectos e implementando mecanismos de evaluación tanto al momento de ejecutar como de operar las iniciativas.
En definitiva, la infraestructura y la logística desempeñarán un papel crucial para enfrentar  los desafíos de los próximos años.
Una década muy favorable está dando paso a otra que desafía el modelo de crecimiento de América Latina, pero donde también se abren grandes oportunidades de inserción en los mercados internacionales exigiendo una infraestructura de mayor cobertura y calidad.