martes, 20 de enero de 2015

El Vivir Bien: una aproximación a partir del bienestar subjetivo y el desarrollo humano


Por Milenka Figueroa Cárdenas – Investigadora del Informe sobre Desarrollo Humano y los ODM en el PNUD Bolivia
Foto: PNUD
La búsqueda de paradigmas evaluativos de las políticas públicas de modelos de desarrollo basados en la globalización y el libre mercado como mecanismo de asignación de recursos ha presentado severas críticas. Sobre todo por los escasos resultados en la reducción de la desigualdad y exclusión social, derivando esto en diversas propuestas que plantean desde la humanización del capitalismo introduciendo valores de solidaridad y responsabilidad social en la gestión económica hasta otros más radicales que plantean incluso el cambio del modelo económico[1].
El cuestionamiento de seguir utilizando únicamente el ingreso per cápita como indicador de riqueza, bienestar y en definitiva de satisfacción es cada vez mayor. De hecho, quedó limitado al preguntarse si es posible medir el nivel de riqueza o bienestar entendido como la satisfacción de los deseos y preferencias o como la felicidad. Además, que la población se siente cada vez menos representada con tal indicador ya que la riqueza o ingreso no se distribuye uniformemente al interior de los países entre los habitantes del mismo, por ejemplo, el año 2010 en América Latina y el Caribe el 40% de los hogares más pobres captaban en promedio el 16% de los ingresos totales producidos, en tanto que el 10% de los hogares más ricos concentraban en promedio el 33% de los ingresos totales, reflejando esto una desmedida desigualdad.
En el proceso de tal interrogante, se pudieron identificar cinco tendencias: la primera de ellas surge durante la década de los años setenta planteando una construcción de indicadores sociales y una concepción de calidad de vida basada en la posesión de un grupo de bienes, servicios y satisfactores; la segunda de ellas repara en la expansión de capacidades de los seres humanos; la tercera tendencia destaca que las necesidades van más allá de los aspectos materiales y por tanto el PIB resulta insuficiente para medir el grado de insatisfacción; la cuarta está relacionada con un desarrollo en base a la economía verde, y finalmente la última tendencia apunta al bienestar subjetivo el cual pone en relieve que el progreso debe concebirse en función al bienestar de las personas y esto debe reflejarse en  indicadores tales como la felicidad, la satisfacción con la vida, y los estados afectivos positivos entre otros.
Desde América del Sur, una perspectiva propuesta por movimientos campesinos e indígenas, al amparo del humanismo y el ambientalismo surgieron iniciativas para la construcción de indicadores que midan el bienestar de las personas de manera distinta a la tradicional  que parten de visiones holísticas de la realidad, e intentan un ensamblaje entre la sociedad, economía y naturaleza en el marco del reconocimiento a la pluralidad de situaciones económicas, culturales y políticas. Es así que el año 2007 en Bolivia y 2008 en Ecuador, se plantearon las nociones del Vivir Bien y Buen Vivir respectivamente, ambas ya posicionadas en el ámbito ideológico y contestatario a la globalización, constituyen referentes para guiar las políticas planteadas en los planes de desarrollo y se ajustan a la medición de la calidad de vida o bienestar subjetivo.
El Vivir Bien concibe el bienestar desde horizontes tanto materiales como intangibles (afectividad, medio ambiente, solidaridad y vida comunitaria entre otros) por lo que debe contemplar su sistematización e interrelación en estos diferentes ámbitos para reflejar su verdadero carácter integral holístico capaz de abarcar situaciones no homogéneas tanto en lo cultural, económico, político y social. En este sentido, y desde la perspectiva de la gestión de políticas públicas que están orientadas a lograr el Vivir Bien y considerándolo como situación de realización multidimensional se hace evidente esfuerzos para lograr su medición. Este trabajo va orientado en esa dirección indagando sobre los estados internos de los individuos en relación a la percepción que tienen de su propia vida.
Para esto se utilizó, la Encuesta de Movilidad y Estratificación Social (EMES) realizada por el PNUD el año 2009 como insumo para el Informe de Desarrollo Humano 2010, el cual incluyó una Sección sobre “Percepciones y Significados del Vivir Bien” que está dividida en cinco módulos, todos ellos con preguntas abiertas: módulo de satisfacción general, material, afectiva, convivencia comunitaria y relación con la naturaleza.

Aspectos Generales
Los resultados arrojados después del procesamiento del primer módulo son los más importantes de los cinco ya que presenta la valoración de los entrevistados sobre los aspectos más relevantes que se consideran para Vivir Bien además de medir el grado de satisfacción con tales.
                                              Fuente: EMES – PNUD, 2009.
Una primera agrupación en 16 categorías, muestra que lo más importante para los informantes de este módulo es tener o acceder a un trabajo, una de cada cuatro personas representadas en su mayoría por los jefes de hogar se refieren a este aspecto. En segundo y tercer lugar, con porcentajes similares (16%), los informantes manifiestan la importancia de contar con buena salud y una vivienda. Con porcentajes menores los entrevistados se refieren a otras categorías de bienes tan diversos que van desde otros servicios básicos hasta valores morales.
Aunque las respuestas dejan ver la amplitud de preferencias y necesidades de la población, no cabe duda que la mayoría de ellas se concentran sobre todo en bienes materiales económicos antes que derechos sociales básicos.
Aspectos materiales, afectivos, comunitarios y relación con la naturaleza
El resto de los aspectos que indagan más específicamente acerca de los bienes materiales, afectivos, convivencia comunitaria y relación con la naturaleza, presentan en cada uno de los dominios resultados particulares. Por ejemplo, en lo concerniente a los aspectos materiales que se requieren para Vivir Bien, los resultados revelan que casi el 50% de los entrevistados hacen hincapié en la necesidad de tener una vivienda que cuente con todos los servicios básicos, otro 30% hace referencia a la necesidad de tener un trabajo o negocio propio, y sólo un 10% señala la importancia de tener vehículo sobre todo  con fines de trabajo más que disfrute por sí mismo.
Fuente: EMES – PNUD, 2009.

Este resultado vuelve a denotar que en cierta medida el problema de vivienda y servicios básicos no está resuelto, lo cual puede ser atribuido al crecimiento demográfico de la última década, que al margen de dificultar el acceso a una vivienda también complica la extensión y provisión adecuada de los servicios básicos.
En lo concerniente a los resultados del dominio de aspectos afectivos, a los que sólo uno de diez hogares hizo referencia en la pregunta de aspectos generales, se aprecia la necesidad de contar con amor y cariño, no precisamente familiar para satisfacer las necesidades afectivas.  
 Fuente: EMES – PNUD, 2009.


Mientras que para casi cinco de cada diez hogares el amor y cariño es importante, para casi dos lo son el respeto paz y unidad, que en cierta medida se tratan de bienes comunitarios como también el diálogo y la comprensión y sólo uno de diez destaca la importancia del apoyo familiar.
Yendo más allá al analizar los resultados de los módulos de convivencia comunitaria y relación con la naturaleza, el primero de ellos mencionado de forma indirecta en los aspectos generales y el segundo que ni logró ser mencionado de forma espontánea, dan a entender por un lado primero una comprensión parcial del significado de vivir en comunidad y mucho más en áreas urbanas y; segundo el débil vínculo que asocia una vida satisfactoria con un medio ambiente equilibrado.

La satisfacción y el Vivir Bien como una aproximación al bienestar subjetivo
Adicionalmente al análisis empírico  y para cuantificar la satisfacción de la vida como un todo se estima un índice del Vivir Bien[2] como una aproximación al bienestar subjetivo, a partir de una cuantificación de la satisfacción de la vida como un todo, relacionado con los diferentes dominios que contiene dicha encuesta, en la que se utiliza una escala de satisfacción donde 1 significa “Muy insatisfecho” y 10 “Muy satisfecho”.
De esta manera se puede predecir el índice de Vivir Bien (bienestar subjetivo) condicionado a la satisfacción de las dimensiones material, afectiva, de convivencia comunitaria y de relación con la naturaleza.
Los resultados permiten apreciar que en promedio los bolivianos están poco satisfechos con sus vidas (3,74) o bien el índice del Vivir Bien promedio de los bolivianos alcanza a 3,74 en una escala de 1 a 10, lo cual denota insatisfacción con la vida en general compuesta por los dominios antes descritos que conformarían lo que se ha denominado Vivir Bien, denotando particularmente el resultado de la insatisfacción con los aspectos materiales o bienes económicos.
Por tanto, mientras que en Bolivia no se cuenten con las condiciones,  bienes y servicios básicos mínimos necesarios, la población todavía relacionará progreso, satisfacción o bienestar con los bienes económicos entre los cuales el más importante es contar con una fuente laboral que le proporcione ingresos. Se esperaría que una vez cubiertas estas necesidades mínimas, recién la población piense en aspectos tales como convivencia comunitaria y relación con la naturaleza entre otros prioritarios.
No cabe duda que actualmente los indicadores subjetivos son de gran importancia, ya que el uso de los mismos como complemento de los indicadores objetivos proveen de una herramienta y  perspectiva más completa para la toma de decisiones.


[1] Desde el ámbito académico destacan trabajos de Fehr (2000), como también desde entidades antiglobalización, Véase el informe de Neatam (2002).
[2] Para la estimación se utilizó un modelo Logit Ordenado corregido por endogene