miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Importa saber lo que los jóvenes en América Latina esperan del futuro? | Blog Humanum

Foto: Saintbob/www.everystockphoto.com
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El Índice de Expectivas Juveniles, en el marco de la Encuesta Iberoamericana de Juventudes, se construyó para recolectar más y mejor evidencia los modos en que las juventudes de la región miran al futuro. Más allá de los indicadores evaluativos o de descripción de comportamientos más clásicos sobre el momento presente o el pasado cercano, el PNUD procuró poner el énfasis en aquello que los entrevistados esperan, con mayor o menos esperanza, respecto de los tiempos que vienen.
Esta inquietud se inserta no sólo en el marco de varios procesos paralelos de indagación sobre la agenda post-2015 (visitados muy frecuentemente en artículos y notas de investigación Humanum), sino en una revalorización general por parte de las ciencias sociales de los indicadores “blandos”.  Basados en medidas subjetivas, frente a la tradicional confianza en los indicadores duros (variables económicas cuantitativas, demográficas, de comportamiento observable, etc.), los intentos de medición de variables ligadas al bienestar personal y a las concepciones del individuo de lo que es una buena vida vienen siendo crecientemente legitimada tanto por la comunidad académica como por los gestores de políticas públicas. El auge de estudios sobre cuestiones tales como el bienestar o la felicidad lo demuestra.
En años recientes, tanto instituciones nacionales como organismos multilaterales han promovido la realización de estudios basados en medidas subjetivas de utilidad, considerando que indicadores tradicionales tales como el ingreso son insuficientes para medir la calidad de vida de las personas en tanto las personas no son siempre idéntica y homogéneamente racionales,  por lo que sus elecciones no van a maximizar de los mismos modos sus oportunidades.
Algunos ejemplos: el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fue vanguardia en la construcción de indicadores internacionales comparables que miden el bienestar de las personas más allá de la dimensión ingresos, a través del Índice de Desarrollo Humano (IDH), y ha incluido además en su reporte mundial desde 2010 tablas con datos sobre percepciones de bienestar individual y de bienestar cívico y de la comunidad como complementos de las estadísticas habituales.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha promovido estudios sobre indicadores subjetivos de bienestar y felicidad en temas como la inseguridad ciudadana, reducción de pobreza y empleo. El Banco Mundial también ha promovido amplios debates sobre las medidas de felicidad como complemento necesario a indicadores tradicionales como el PIB, intentando dar cuenta de las oportunidades que este tipo de datos puede abrir para optimizar políticas públicas, así como de sus limitaciones.  También algunos estados nacionales han también avanzado en la oficialización de la recolección de datos basados en indicadores blandos/subjetivos como parte de sus sistemas de estadísticas nacionales.
¿Importa saber lo que los jóvenes en América Latina esperan del futuro? Nuestra respuesta es que sí, en tanto el desarrollo se conciba como algo más que proveer alimentos, salud básica y refugio. Los datos muestran, por ejemplo, que muchos de los jóvenes entrevistados tiene una evaluación pobre de la transparencia en las instituciones, pero no son tan pesimistas respecto de la posibilidad de que haya mejoras en ese campo. O que una de sus preocupaciones más urgentes es la violencia, y que no esperan demasiados avances en sus opciones para vivir, crecer y desarrollarse en entornos seguros. Por cierto, las críticas hacia los servicios educativos son duras, aunque sí se esperan avances en ese campo.
Dimensiones del indice de expectativas juveniles

De modo que más allá de las cifras objetivas de performance actuales, los datos subjetivos muestran que no todas las esperanzas sobre el futuro tienen la misma dinámica: “creo podré educarme” puede convivir con “temo ser víctima de la violencia”. Hay señales de alerta sobre aquello que genera más y mayores temores, incertezas o desesperanza –que, en suma, disminuyen las posibilidades para el bienestar y el desenvolvimiento pleno de las capacidades de las personas.
Un índice de expectativas procura ser, así, una guía para mostrar donde se concentran las desesperanzas, y por tanto para enfocar esfuerzos en disminuirlas con políticas públicas, incentivos para la sociedad civil, y acciones para el cambio. Los jóvenes están seguramente dispuestos al diálogo con los adultos sobre el mejor futuro posible, de modo que los datos del índice mejoren constantemente en futuras mediciones.